Cómo valora el perito una reclamación: de dónde sale realmente la cifra

La cifra de la carta de oferta no se eligió: se ensambló, con bases de datos de piezas, tarifas de mano de obra, vehículos comparables y, cada vez más, modelos. Saber qué insumo la produjo indica cuál merece la pena discutir.

Actualizado 13 de septiembre de 2026 Intermedio

«¿De dónde han sacado esa cifra?»

Se ensambló más que se decidió, y las piezas se pueden conocer. Un perito que valora un siniestro de auto no se está formando una impresión de lo que parece justo: está ejecutando un procedimiento concreto, con insumos que tienen nombre y que en su mayoría están escritos en algún sitio que tienes derecho a ver. La respuesta corta es: de una base de datos de piezas y tiempos, una tarifa horaria, una comparación de mercado y un conjunto de límites y deducciones de póliza. La respuesta útil es saber cuál de ellos produjo la parte de la cifra con la que no estás de acuerdo, porque cada una se discute de forma completamente distinta.

Reparación o siniestro total: la primera bifurcación

Antes de valorar nada, el expediente se clasifica en reparable o siniestro total, y la clasificación es aritmética. El coste estimado de la reparación se compara con el valor del vehículo, y cuando el coste supera cierta proporción de ese valor la aseguradora declara el siniestro total y paga el valor en lugar de reparar. Dónde está ese umbral cambia, y en algunos sitios lo fija la ley y no lo elige la aseguradora. Aquí no damos una cifra, y ninguna cifra leída en otro sitio conviene darla por buena: la forma de saber cuál se aplicó a tu auto es pedirle a la aseguradora, por escrito, qué umbral usó y sobre qué base.

Esta bifurcación explica algo que a los reclamantes les parece perverso: un auto antiguo con daño moderado se declara siniestro total mientras uno más nuevo con peor daño se repara. No lo decidió nada del daño. Lo decidió el denominador.

Si se repara

Un presupuesto de reparación es un documento línea a línea, y casi cada línea es una afirmación sobre un hecho. Cada pieza dañada se identifica y se valora; cada operación recibe un tiempo de mano de obra tomado de una base de datos del sector; los tiempos se multiplican por una tarifa horaria; se calculan pintura y materiales; y del total se descuenta la franquicia.

Las líneas que concentran las discrepancias son estas. El tipo de pieza —original del fabricante, alternativa o recuperada de desguace— cambia el precio de forma sustancial y figura abreviado en el presupuesto. La tarifa horaria es lo que la aseguradora pagará por hora en tu zona, y los talleres que cobran más te pasarán la diferencia salvo que alguien negocie. Los tiempos de mano de obra salen de una base de operaciones estándar y no contemplan la corrosión de un auto concreto, una reparación anterior ni que un tornillo se partiera. La depreciación por mejora es un descuento cuando la reparación te deja algo más nuevo de lo que tenías —neumáticos nuevos en lugar de gastados, típicamente— y es legítima en principio y se aplica con frecuencia más ampliamente de lo que debería.

Y el presupuesto es provisional por diseño: describe el daño visible. El mecanismo para todo lo demás es el suplemento. El taller desmonta el panel, ve lo que hay detrás, presenta un presupuesto ampliado y la aseguradora lo aprueba o lo cuestiona. Quien pelea el primer presupuesto suele estar peleando el documento equivocado.

Si es siniestro total

Aquí la valoración cambia de naturaleza. La aseguradora debe el valor del vehículo inmediatamente antes del choque —el valor venal o de mercado, en la mayoría de los condicionados— y ese valor se establece por comparación. Un informe de valoración lista vehículos de la misma marca, modelo, año y acabado ofertados o vendidos recientemente en tu mercado, ajusta cada uno por kilometraje, estado y diferencias de equipamiento, y produce una cifra.

Cada paso de eso es discutible, y el informe es lo que hay que pedir. Comparables tomados de un área geográfica demasiado amplia, un acabado inferior al tuyo, ajustes de kilometraje aplicados en una sola dirección, un estado evaluado desde las fotos de un auto siniestrado: son errores corrientes, no conspiraciones, y se encuentran leyendo la lista. El gasto reciente documentado —neumáticos nuevos, una revisión mayor, una caja de cambios sustituida— es prueba del estado y debe llegar al perito con sus facturas.

Lo que el valor de mercado no incluye, en casi todas las pólizas, es lo que pagaste, lo que debes o lo que te costará reemplazar el auto hoy por algo equivalente. Son tres cifras distintas y ninguna es la que se está calculando.

Si hubo lesionados

La valoración de lesiones funciona con otra lógica, y es la parte de la tramitación donde la asistencia automatizada ha recibido más críticas. Los gastos médicos y el lucro cesante son, en principio, aritmética: documentados, facturados, sumados. El resto —el dolor, la limitación, lo que no tiene factura— se evalúa por criterio, y en muchas aseguradoras ese criterio lo ancla hoy un programa que toma información médica codificada y devuelve un rango de valor desde el que el tramitador negocia.

La crítica es que el rango se trata como respuesta y no como insumo, que la codificación de un historial médico es un mal sustituto de la gravedad de una lesión, y que una herramienta calibrada con el propio historial de acuerdos de la aseguradora reproducirá ese historial. La defensa es que la coherencia entre miles de expedientes es en sí misma una propiedad de equidad, y que la discrecionalidad del tramitador producía variaciones amplias ante lesiones idénticas. Ambas descripciones les resultan reconocibles a quienes trabajan en siniestros. Lo que no podemos decirte es qué le exige tu propio supervisor a una aseguradora que se apoya en una herramienta así: si la oferta debe declarar que un modelo la informó, y si puedes exigir que una persona vuelva a mirarla. Eso es regulación local, y el supervisor que figura en los datos de más abajo es a la vez donde está la respuesta y donde va una queja de tramitación.

Qué mueve de verdad una cifra

No los argumentos. Documentos que contradicen un insumo concreto. Un presupuesto de reparación se mueve con la justificación escrita de un taller sobre un tiempo mayor o una pieza distinta, o con un suplemento acompañado de fotografías de lo que había detrás del panel. Una valoración de siniestro total se mueve con mejores comparables y con facturas que acrediten el estado. Una valoración de lesiones se mueve con informes médicos que describan función y duración, y no solo un diagnóstico.

Si nada de eso lo resuelve, la mayoría de las pólizas incluyen una cláusula de peritación de tercería o de dictamen pericial, por la que cada parte nombra un perito y un tercero dirime. Es más rápida y barata que un pleito y se olvida con frecuencia. El supervisor de tu jurisdicción, que aparece más abajo, admite quejas sobre cómo se tramitó el siniestro, que es una pregunta distinta de si la cifra era correcta y a veces la más fácil de ganar.

Lo que no sabemos

No podemos decirte cuánto vale tu auto; para eso están los comparables. No podemos decirte qué herramientas de valoración usa tu aseguradora ni con qué instrucciones tratan sus peritos el resultado, porque no se publica. Y no sabemos cuánta parte de la diferencia entre dos ofertas sobre siniestros parecidos es la distancia entre dos mercados y cuánta la distancia entre dos peritos.

Lo que sí se puede conocer es el documento. Toda cifra de un siniestro descansa sobre una base escrita, por lo general tienes derecho a pedirla, y la cifra que sobrevive a una lectura línea por línea suele ser la correcta.

Reglas en tu jurisdicción

Los plazos, las reglas de culpa y las coberturas mínimas cambian según el país o estado. Elige el tuyo para ver las reglas que aplican a este tema.

Elige una jurisdicción para ver sus reglas.

Preguntas frecuentes

¿Puede la aseguradora imponer piezas alternativas o de desguace?

A menudo sí, según el condicionado y según lo que permita tu jurisdicción: varias regulan el uso de piezas no originales, exigen que se declare en el presupuesto o lo restringen en vehículos recientes. Lee el presupuesto línea por línea: el tipo de pieza figura ahí, normalmente abreviado, y es de lo más fácil de cuestionar.

La oferta por siniestro total es menor que lo que debo del préstamo. ¿Ahora qué?

La oferta se basa en lo que valía el vehículo, no en el saldo de tu préstamo, y la diferencia entre ambos es real y frecuente. Para cerrarla existen las coberturas de valor a nuevo o de diferencia de saldo; si no las tienes, el desfase es tuyo. Aun así puedes discutir la valoración en sí cuestionando los vehículos comparables utilizados.

¿Cómo impugno una valoración que creo equivocada?

Pide primero la base escrita: el presupuesto con sus tipos de pieza y su tarifa horaria, o la lista de vehículos comparables con kilometraje, acabado y ajustes. La mayoría de las discrepancias se resuelven al encontrar un error en ese documento. Si no se resuelve, muchas pólizas incluyen una cláusula de peritación de tercería que permite a cada parte nombrar un perito, y el supervisor admite quejas sobre la tramitación.